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Que no permita que se pierda

Ahí esta ella, una chica enamorada por segunda vez. Una chica con cicatrices y traumas que intenta darle su corazón. Él, calado hasta los huesos de amor por ella, intenta entenderla y quererla. Ella solo pide que la ame como es. No quiere que la ame por como quiere que sea, porque nunca será lo que él quiere sin perderse ella misma. 

Y perderse a uno mismo por otro es el peor desamor del enamorado.

Ella solo quiere que la quiera con todas sus partes, con todos los pedacitos que la componen. Con sus idas y venidas. Que ame la melancolía que la asalta algunas tardes. Que la ame, incluso, con las pestañas pegadas por las mañanas cuando busca café desesperadamente. Con sus comentarios más perversos, y los más traviesos. Con sus chistes malos. Con sus enfados (intensos y fuertes, como una tormenta de verano). 

Quiere que la perdone por, a veces, quererlo demasiado y quererse demasiado poco (nunca dejará que vuelva a ocurrir). Quiere que entienda cuando necesita un abrazo, sin que ella deba pedirlo. Que se ponga a bailar con ella en el momento y lugar más inesperado porque así es la vida, una interna improvisación. Que cante con ellas sus canciones favoritas en el coche.

Quiere que intente entender sus locuras y que se deje arrastrar por ellas. Que ría con ella. Que corra bajo la lluvia con ella sino llevan paraguas. Que le deje sorprenderlo. Y que no permita que se pierda a sí misma por quererlo. 

Porque, sino, sus corazones se romperán en mil pedazos como les pasó a Owen Hunt y Cristina Yang.


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