8 de enero de 2017

La puerta 26



Ahora era una casa vieja y destartalada, con una fachada que se caía a pedazos y una puerta que aguantaba como uno de los trescientos en las Termópilas ante la lluvia. El número 26, que siempre había sido hogar de sonrisas y alegría hasta que todo se vino abajo.

Esta casa fue construida por un joven que había conseguido hacer fortuna y deseaba tener un hogar para cuando se le hubiese declarado a su novia. El hogar debía tener una habitación en la primera planta, pues sus padres empezaban a hacerse mayores y en algún momento debería cuidarlos como hicieron ellos con su yo pequeño.

Ahora no la habita nadie pero se ha convertido en un templo para los recuerdos familiares. El joven consiguió levantar un hogar, cuidó a sus padres hasta su último suspiro, fue feliz y legó la casa a sus hijos. Y así la historia se repitió durante generaciones hasta que la familia tuvo que mudarse a una ciudad por motivos laborales. Pero no renunciaron a la casa que guardaba el tesoro familiar; los recuerdos felices.

@monicasmenero

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