31 de enero de 2017

La amistad

Hoy, en mi primera clase de Narrativa Audiovisual, el profesor nos ha dicho que si queremos acabar trabajando en prensa escrita debemos escribir sobre unas 1.500 palabras cada día porque no nos levantaremos un día sabiendo escribir por mucho que lo deseamos. Que para saber escribir hay que trabajar día si y día también. Bueno, pues aquí estoy, a ver cuántas consigo escribir en un misma misma entrada. El tema sobre el que se me ha ocurrido escribir o reflexionar es la amistad.

Afortunadamente, sigo manteniendo algunas amistades que perduran desde hace muchos años. Las conocidas amistades de toda la vida. Amigas y amigos que conocí cuando empecé en la escuela de infantil con apenas tres añitos y sigo teniendo en mi vida con casi veinte. Amigas que no sé cuando conocí porque han estado siempre ahí, con las que comparto recuerdos y fotografías de nuestras madres paseándonos con el carrito por el pueblo.

Advertencia: Cuidado con los amigos de toda la vida, pues son casi hijos adoptivos de tus padres y parecen más dueños de tu casa que tu mismo.

Luego llegaron las amistades de primaria, algunas que ya se habían originado en infantil. Gente que me acompañó durante seis años entre clases de sociales y matemáticas, de música y educación física. Con algunos aún mantengo la relación, especialmente los que llegaron al colegio "de los mayores" conmigo desde el parvulario.

Con secundaria, entraron a escena nuevas caras y siguieron presentes otras ya conocidas. Puede que los amigos y las amigas que aguantaron esta etapa, sean los que tengan más mérito porque nos aguantamos mutuamente durante la adolescencia y sus episodios de la "edad del pavo". Nos aguantamos durante la época dorada de las fotos Tuenti y durante el boom de Mario Casas, que claro ahora recordamos medio muertas de risa, medio avergonzadas de nosotras mismas.

La separación al llegar al final de bachiller puede que fuera la más dura hasta el momento porque, tras seis años -algunos incluso más- de ver la misma gente cada mañana con nuestras caras de recién levantados y nuestros bostezos a la puerta del instituto, cada uno se iba a un sitio diferente.

A la separación y el miedo a perder alguna amistad, cabía sumarle, en mi caso, el miedo a no hacer amigos en la universidad y vagar a solas por la facultad. Para mi suerte, no era la única pérdida como yo creía, sino que descubrí que el primer día de clase todo el mundo va perdido, con miedo y un poco desubicado. Yo fui a todo lo que me permitiese conocer a gente que fuera a estudiar periodismo como yo: jornadas de puertas abiertas, charlas de orientación, etc.

Sentía cierta envidia de ver a gente que iba a entrar a la carrera con algún conocido o incluso amigos. Sin embargo, por fortuna, conocí en las jornadas de puertas abiertas (léase jornadas de universitarios novatos buscando amigos desesperadamente) a dos chicas que se convirtieron en amigas, por destino, casualidad o necesidad. Y como siempre, haces amigos a partir de nuevos amigos y así poco a poco tuve mi grupo de amigos de clase, que sigo teniendo.

Por otra parte, tampoco me puedo olvidar de aquellos amigos a los que nunca conocí en el colegio, el instituto o la universidad, aquellos que compartieron su infancia conmigo los veranos en el pueblo, aquel compañerismo de los que conociste en una academia, en la autoescuela o una noche de fiesta, a la que siguieron muchas otras.

Incluso debo recordar a aquellos que se fueron de mi vida de puntillas, evitando hacer cualquier tipo de ruido, no porque yo no los quisiera en mi vida sino, que todo lo contrario, porque ellos ya no me querían a mi en la suya.

No sé si la gente llega a tu vida por casualidad o porque así lo dicta el destino, pero si están en tu vida será por algo. También dicen que los amigos es la familia que se elige pero yo estoy bastante segura de que los amigos no se escogen a dedo como escoges una barra de pan en la panadería. No me imagino a nadie caminando por la calle señalando a la gente diciendo “a ti si que te quiero como amigo”, “a ti no, lo siento”. Los amigos son esa familia que te toca por circunstancias de la vida.

Los amigos, o al menos los míos, son los que aguantan el peso del mundo en sus hombros cuando se te cae encima. Los que te dicen a la cara que no cantas bien, que no les gusta como te quedan esos pantalones o que no creen que estés actuando bien en cierto momento de tu vida, pero que sabes que aunque estén en completo desacuerdo contigo, no te faltarán si los necesitas. Que serán tu paño de lágrimas cuando necesites llorar, tus compañeros de juerga cuando necesites bailar, tu cómplice cuando rías como una histérica, tu apoyo incondicional.

Y las amistades no deben medirse por el tiempo ni por la cantidad, sino por la calidad. Por lo que están dispuestos a hacer por ti y por lo que estás dispuesta a hacer tu por ellos. La amistad es el quid pro quo más verdadero que puede haber.

No sé que pensareis vosotros de la amistad pero para mi es de lo más importante en la vida. Y sin embargo, no he podido llegar a las 1.500 palabras en una entrada y me he quedado estancada en las 916.
 
 http://ladialecticadelasimagenes.blogspot.com.es/2016/09/reportaje-playa-la-renega.html

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