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Sorpresas recordadas.


La memoria es un papel en blanco que todos nos encargamos de llenar. Al principio nuestra memoria es como una esponja, cada imagen, cada dato y cada cara se nos queda grabado con suma facilidad. Sin embargo, con el tiempo el papel de la memoria se emborrona, se llena, y el cerebro humano se vuelve mucho más selectivo a la hora de quedarse con información.

Hay cosas que se olvidan para dejar espacio a otras más importantes.

Cuando somos adultos la niñez queda lejos de nuestra memoria selectiva, pero conservamos con impecable claridad cosas concretas que, por una u otra razón, marcaron nuestras vidas.

No puedo mentir, lo sabes. Y no puedo olvidarme de ti (del todo). Recuerdo aquel día mirando al cielo cada vez que oigo hablar del Che Guevara y me acuerdo de la camiseta que llevabas con su cara. Me acuerdo de ti los jueves por la tarde y los domingos por la noche cuando sé que te notas extraño. El verde me recuerda a ti y también jugar al billar.

Pero no siempre me acuerdo de ti ni todo me recuerda a ti. Sólo a veces me asaltan los recuerdos. Una vez te asaltan los recuerdos no puedes hacer nada. Estás cazada, atrapada en tu propia mente. Una vez te asaltan los recuerdos, no puedes hacer nada, lloras, ríes, gritas, te desesperas. Pero ellos no se irán, ya están aquí y llegan para quedarse. Los recuerdos son parte de nosotros de nuestra identidad.

Yo te recuerdo, Lo recuerdo ¿Lo haces tú?

@monicasmenero

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