19 de enero de 2016

Vivir viviendo.


Bajo la sombra de ese árbol me abrazó, me consoló y sentado junto a mí, me hizo reír para que me olvidara de todo. ¡Y vaya si me olvidé! Sus ojos brillaban y su sonrisa ¡Uf, su sonrisa! Me hechizaba. Hablamos. Nos reímos. Y nos miramos. Nos mirábamos intensamente. Lo que transmite una mirada. No por nada se dice que los ojos son el espejo del alma, porque mientras me miraba, lo miré y vi, vi dentro  de su mirada. Capté su esencia como capa el olor del buen perfume en un experto perfumista.
La memoria es una cosa curiosa ¿eh? Te deja vivir con las defensas bajas para hacerte parar de momento de repente y dejarte sin respiración. Los recuerdos van y vienen sin poder detenerlos. Y hoy me asaltaron todos sus anhelos y todas mis sensaciones. Recuerdo el olor de la hierba fresca, el calor del sol y la sensación de la brisa despeinándome y haciendo que mis mechones golpeasen mis mejillas. Su mano acercándose a la mía y cogiéndomela fuertemente. Juro que en ese momento éramos infinitos. Él. Yo. La brisa. El sol. Su sonrisa. Y la mía. Me aconsejaron que me rodeara de gente que no apagara mi luz y me provocara más sonrisas. Y así lo hice. Y lo hago. Desgraciadamente, él tuvo que irse. Se fue sin querer y yo me quedé. Y vuelvo a este lugar como el asesino, vuelve a la escena del crimen. Y sonrío. Mucho. Demasiado. Porque sólo le puede vivir, viviendo.

@monicasmenero

No hay comentarios:

Publicar un comentario