14 de octubre de 2014

No me sueltes.

Primero parece que se lo piense. Ella también titubea. No se atreven a mirarse a los ojos. En un instante, parecen reaccionar y acortar las distancias. Un centímetro, dos, tres e incluso cuatro, pero cinco ya no, pues sus meñiques se están tocando. Se deciden, dejan de perder el tiempo y se cogen de la mano. Así de simple, así de romántico.




@monicasmenero

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