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Y voló.

Había un pajarito que no quería salir del nido, porque estaba demasiado cómodo bajo el ala derecha de su madre como para pensar en salir de su cobijo.
El pajarillo además tenía dificultades para volar, por eso se excusaba diciendo que estaba muy a gusto en su nido. Todos los pajarillos de la zona fueron echando a volar: primero uno, luego otro, más tarde tres más y así hasta que sólo quedaba él.
Aconsejado por su madre y sintiéndose valiente, decidió que debía echar a volar. Tras aguantar que se rieran de él por no conseguir nada los primeros días. Empezó a volar un poco más cada día. Y finalmente echó a volar, y voló como ninguno.
Es la calidad de una obra lo que se debe valorar y no el tiempo que se tardó en hacerla.

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